Canalización de las emociones a través de la creación de Mandalas
1/1/20256 min read

Qué es un Mandala?
El mandala, Khil Khor en tibetano, es una manifestación artística procedente de la cultura budista. Este concepto se ha expandido ampliamente en occidente, siendo el psicólogo Carl Gustav Jung uno de los primeros en profundizar en este arquetipo universal y su potencial como herramienta de curación en los distintos niveles del ser humano. El estudio de estos encriptados diseños, generalmente circulares, es un acercamiento al conocimiento personal cuya clave se descifra en el centro del mandala, el axis mundi.
El concepto de mandala, Khil Khor en tibetano, significa en su forma más pura “círculo sagrado”, así como “centro sagrado y sus alrededores”. En la cultura budista en la que nace este término tiene múltiples significados. Del mismo modo existe una gran diversidad de diseños elaborados con distintas técnicas, desde las más sencillas hasta las más complejas, como son los mandalas elaborados con arena teñida, cuya construcción puede realizarse durante varias semanas.
Desde el área de la psicología, destacamos el potencial del mandala como imagen que emerge del inconsciente universal, cuyos aspectos e inagotable variedad formal se relacionan con nuestras percepciones y con nuestro ser interior. Se trata de un símbolo de lo espiritual que trasciende cualquier tipo de entendimiento lógico y racional, dirigiéndose al ser más profundo de la persona. El símbolo, tanto figurativo como abstracto, es capaz de aludir a realidades no visibles y explicar conceptos más allá del lenguaje verbal, llegando a nosotros a través de los sentidos, siendo la representación sensible de una idea, pensamiento, emoción o mensaje.
El Sí-Mismo: mandala interior
El Centro del mandala se identifica con el Sí-mismo que de forma metafórica es también la meta central alcanzada por el peregrino del laberinto que atraviesa un largo y difícil camino hasta el centro. El Sí-mismo es una analogía del propio centro interior y por ello es clave para la comprensión más profunda del mandala, relacionado intrínsecamente con la filosofía budista en la que éste nace. Según Carl Jung existe una diferencia entre el “yo” y el “Sí-mismo”, siendo el “yo” una especie de centro de conciencia y el Sí-mismo un punto virtual entre lo consciente y lo inconsciente, un punto de la plena totalidad. Para entender mejor el Sí-mismo, tal y como explica Jung, si se logra reconocer lo inconsciente como magnitud “no-condicionante” juntamente con la conciencia y vivir considerando las exigencias instintivas, el centro de gravedad no es tanto el “yo” como el Sí-mismo. La persona que desarrolla tal capacidad se encuentra en los pisos superiores singularmente alejada del acontecer penoso o gozoso (Jung), es decir, esta persona está en un nivel más elevado, abierto y no-condicionado.
Mandala de la Rueda de la Vida
También llamada Rueda de la Existencia o Rueda de la Existencia Cíclica. Esta representación es una descripción tradicional de la modelo de cosmología budista, el medio ambiente y sus habitantes.
"Simbólicamente [los tres círculos internos], moviéndose desde el centro hacia afuera, muestran que las tres emociones aflictivas de deseo, odio e ignorancia dan lugar a acciones virtuosas y no virtuosas, que a su vez dan lugar a niveles de sufrimiento en la existencia cíclica . El borde exterior que simboliza los doce eslabones del surgimiento dependiente indica cómo las fuentes del sufrimiento - acciones y emociones aflictivas - producen vidas dentro de la existencia cíclica. El ser feroz que sostiene la rueda simboliza la impermanencia. La luna [en la parte superior] indica liberación. El Buda de la izquierda está apuntando a la luna, lo que indica que la liberación que hace que uno cruce el océano del sufrimiento de la existencia cíclica debe actualizarse " Dalai Lama.
Este conocimiento revelado, es el conocimiento de la realidad absoluta, es sinónimo de despertar, y es el momento en el que se da la comprensión de la realidad como una totalidad y el objeto se identifica completamente con el sujeto; la división entre ambos desaparece. El hombre elevado que ha alcanzado el conocimiento que le permite ver las cosas desde una perspectiva más amplia y elevada, ha entendido que él y la naturaleza no son dos entidades separadas, sino que son dos caras de la misma realidad, de una totalidad. Esta percepción de la realidad del ser humano nos aproxima a una conciencia no dual, a lo que Ken Wilber denomina estado transracional.


El conocimiento personal a través del mandala
En Oriente, mandala y vacío son conceptos relacionados con la meditación. El círculo es perfección y equilibrio y se relaciona con la esencia de lo sagrado. De esta forma los dibujos del mandala son criptogramas que conciernen al estado de uno mismo en su proceso de autoconocimiento (López, Martínez, 2006, p. 209).
Los diagramas mandálicos, símbolos del Sí-Mismo abstraen y hacen más visibles las relaciones estructurales de nuestra psique, clarificando las propiedades más relevantes. Una de las consideraciones sobre el mandala es que éste se presenta como una especie de esquema, generalmente circular, que ilustra la organización de un conjunto de distintos conceptos a la vez que refleja una jerarquía entre ellos.
A través de la creación artística, y en este caso concretamente de la realización de mandalas, podemos afrontar los retos de la experiencia humana y manifestarlos. Mientras se realizan mandalas tiene lugar un proceso de pensamiento-reflexión, por lo que la obra de arte, según el psicólogo Rudolph Arnheim, se convierte así en una red que conecta las experiencias del hombre y la mujer con la sabiduría humana El diagrama mandálico, como por ejemplo la espiral o el laberinto, se convierte en un camino o mapa psicológico –y también espiritual- que nos conduce hacia el conocimiento de nuestro Sí Mismo.


El arte como sanación personal
En el contexto arte-terapéutico se intenta encontrar y elaborar un universo de imágenes significantes para la superación de conflictos del sujeto. Disponer de los medios para simbolizar estos conflictos es un factor importante en el proceso de la terapia ya que facilita en mayor grado la aparición y creación de las imágenes.
Para Freud, la obra plástica es el “escenario ideal”, privilegiado, para permitir al sujeto vivir el principio de realidad. La arteterapeuta y pintora Edith Kramer, en sus estudios destaca el arte como terapia, ya que durante el proceso creativo se activan procesos psíquicos en los que los conflictos exteriores se trasladan con la creatividad a través del amplio mundo de la imaginación y de la aventura (López, Martínez, 2006, p. 37). Según esta artista austriaca, la actividad artística tiene el potencial de transformar y desmantelar fantasías inconscientes y reservarlas. Además, en los trabajos de exteriorización a través de la creatividad, Edith Kramer distingue entre dos tipos de actividades artísticas: las que sirven para trabajar emociones regresivas y las que facilitan la sublimación de energía agresiva.


El mandala está íntimamente relacionado con nuestra realidad interna y hay que entenderlo como una expresión plástica del propio centro interior. Es una representación simbólica que muestra el desarrollo psíquico e individual de las personas. El ser humano tiende a buscar su realidad más profunda, a explorar una naturaleza más allá de lo material en su interior y el arte es una de las vías más importantes para la búsqueda del Sí-Mismo, arquetipo que integra todos los contenidos psicológicos del individuo y que da sentido a la vida.
El Mandala como símbolo espiritual es una herramienta para el conocimiento del ser humano, que de forma holística nos aporta algunas respuestas tanto a nivel individual como a nivel social. El término mandala y su práctica están presentes tanto en los campos de la terapia y la psicología como en el arte y la ducación. Este símbolo de totalidad representa el proceso de la asimilación de relevantes elementos que se alojan en nuestro inconsciente, es la expresión del macrocosmos dentro de la persona.
La creación de mandalas tiene también un aspecto terapéutico y hoy en día podemos conocer el valor que tienen estos símbolos como instrumentos de autoconocimiento y exploración personal. Su efecto terapéutico está empíricamente demostrado y representa un eficaz intento por reconciliar los opuestos: el mandala actúa así como puente entre estas divisiones.


